Al frente de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas se encuentra el Rogelio Blanco. Hoy nos hablará tanto de sus facetas más personales, como la de escritor, así como su perspectiva profesional sobre el mundo de los archivos y bibliotecas, los déficits y las esperanzas que todavían nos quedan.
Usted se encarga de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas desde 2004. Ha estudiado antropología, filosofía y letras y sociología política. Supongo que un curriculum tan amplio ayudó para que lo eligieran en su puesto. ¿Cuál es la faceta que considera se superpone a todas las demás? ¿En qué aspectos de su trabajo lo ayudan cada una de ellas?
Los diversos estudios que realicé, los que cita y otros, en principio respondían a una necesidad. La necesidad de lograr un puesto de trabajo. Una razón que comparto con muchos españoles y españolas de origen humilde y rural. Estudiar y formarme era un modo de encontrar otros espacios frente a los originarios. De esos estudios no destaco ninguno como definitivo para mi tarea y a todos. Quizá lo que más me ayuda es la voluntad de descubrir y de poder realizar en lo que creo.
El gigante Google, enzarzado en una pugna con el mundo editorial francés, reconoció ayer su estrategia dual en el país vecino. Por un lado, aceptó retirar de su catálogo Googlebooks más de cien extractos de obras que había digitalizado sin permiso, pertenecientes al grupo editorial La Martinière. Se someterá así a una sentencia reciente del Tribunal de Gran Instancia de París que le condenaba por "falsificación de derechos de autor".
El soporte futuro del libro puede ser el peor enemigo de su porvenir. Paradojas de un sector en el que fotocopiar medio kilo de cuartillas encuadernadas no tenía sentido pero que podría afrontar, como el resto de la industria cultural, el fantasma de la «piratería» en el proceso de su digitalización. Cientos de páginas web ya ofrecen enlaces para descargar copias ilegales de las novedades editoriales y miles de títulos clásicos.
Madrid se mantiene como la Comunidad con más población lectora (64,4%) y supera en casi diez puntos la media nacional, mientras que Castilla-La Mancha (50,5%), Andalucía (50,2%) y Extremadura (49,4%) cierran la parte baja de la tabla, según revela el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), patrocinado por la Dirección General del Libro, Archivo y Bibliotecas del Ministerio de Cultura.