La formación de usuarios y la alfabetización informacional se han convertido en instrumentos válidos para dotar a las unidades de información y documentación, especialmente las bibliotecas, de un valor añadido en la prestación de sus servicios. Este hecho contribuye a aumentar la eficacia de estos centros y optimizar las posibilidades de los ciudadanos a la hora de adquirir las destrezas necesarias para saber manejar, depurar, evaluar y explotar convenientemente y con sentido crítico el arsenal informativo disponible en la biblioteca, quizá algo más complejo y exigente desde la irrupción de las tecnologías de la información especialmente para todos aquellos colectivos que precisen de una puesta al día de sus destrezas y habilidades. Se persigue, por tanto, la formación de ciudadanos en sus ámbitos personales, laborales, profesionales y sociales en la toma de decisiones, solución de problemas, desarrollo personal y social, participación democrática, etc. para que puedan desenvolverse de forma inteligente y crítica en la sociedad de la información en el contexto propio de una alfabetización permanente.