Sólo una de cada diez bibliotecas escolares en México es coordinada por un maestro bibliotecario designado y capacitado para tal función; en tres cuartas partes de esas bibliotecas los libros no están clasificados, por lo que hay un escaso control del préstamo a domicilio; aunque más de la mitad de las escuelas tienen un salón asignado para la biblioteca, se trata de espacios pequeños e inadecuados.
Hay otros datos reveladores: un tercio de las bibliotecas escolares no cuenta con mobiliario adecuado y si lo tienen resulta insuficiente; hay escuelas preescolares indígenas que no cuentan con bibliotecas y son muy pocas las bibliotecas escolares que se han instalado en las primarias indígenas.
Esos son algunos de los resultados del primer diagnóstico sobre bibliotecas escolares en México, que realizó la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) auspiciada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) entre 5 mil 352 alumnos, maestros, directores y responsables de las bibliotecas.
Sin embargo, aunque se trata de un estudio valioso en su tipo -nunca antes se había realizado un trabajo similar sobre las bibliotecas de las escuelas mexicanas-, es un diagnóstico basado en una muestra representativa muy simbólica, pues trabajaron sólo con 200 de las 189 mil 356 escuelas dependientes de la SEP, en los tres niveles de la Educación Básica, lo que representa el 1% del total.
Arturo Stringel Gómez, director general adjunto de Materiales Educativos de la SEP, reconoce que el alcance de este estudio es muy reducido todavía y que lo idóneo hubiera sido hacerlo más grande, pero significaba aportar más recursos y ya no tenían presupuesto.
“Nos fuimos con una muestra más reducida que no nos da el contexto pero sí nos señala cuál es la situación que tenemos”, dice Stringel, y rápido agrega: “Es chica la muestra que se tomó, sin embargo, representativa de la situación que guarda la Biblioteca Escolar y la Biblioteca de Aula”.