Un trocito de papel, y otro, y otro y así hasta ¡600 millones! de trocitos de papel. Recomponerlos uno a uno, juntar esas minúsculas piezas como si fuera un puzle colosal y tratar de descifrar su significado es el sueño de Bertram Nickolay, un ingeniero alemán de 58 años decidido a desvelar los trapos sucios de la Stasi, la temible policía secreta de la ex República Democrática Alemana (RDA) que, tras la caída del Muro, se empleó a fondo en la destrucción de documentos muy comprometedores. Para ello, Nickolay y su grupo de ayudantes diseñaron un complejo programa informático que se encuentra instalado en un ordenador gigante en una dependencia secreta del instituto Frauenhofer IPK de Berlín. Cuando algún periodista curioso pide autorización para fotografiar la máquina recibe una respuesta amable pero categórica. El acceso está prohibido porque en ese enigmático lugar se está reescribiendo un capítulo de la historia reciente de Alemania, que aún despierta recelo y animosidad.
El software de Nickolay fue bautizado como 'epuzler', un nombre que define a la perfección la hazaña que tiene por delante su grupo de trabajo. Si el ingeniero tiene éxito en su titánica labor, la reconstrucción de ese puzle de 600 millones de trocitos de papel puede arrojar muchas luces sobre los métodos de trabajo de la Stasi, los pecados cometidos por el régimen y el nombre de sus agentes infiltrados en las más altas esferas de los países enemigos de la RDA. De momento hay un plan piloto en el que Nickolay tiene por delante el desafío científico de reconstruir, en el plazo de doce meses, el contenido de 400 sacos repletos de papelitos que fueron recuperados de la central de la Stasi en Berlín. «Si todo resulta bien, el Parlamento federal deberá decidir si existe interés en digitalizar y reconstruir el contenido de miles de sacos que fueron rescatados en enero de 1990», explica el ingeniero. El doctor Nickolay se niega a revelar el coste de la fase piloto, pero admite que en la reconstrucción del contenido de los 400 sacos trabajarán 20 personas. «El programa es único en el mundo», confiesa con orgullo el ingeniero.
En una habitación del cuarto piso del instituto Frauenhofer y que es utilizada como sala de exhibición, Nickolay muestra a este periódico cómo funciona el software que empezó a diseñar en su cerebro a mediados de los años 90. El scanner memoriza tamaño, color, letra y grosor del papel y el contorno de los trocitos. La información es enviada al ordenador, que, con la ayuda del programa 'epuzler', selecciona las minúsculas piezas del puzle para luego iniciar la reconstrucción. En segundos, aparece en un monitor la página en su versión original.
Corrían los años 90 y Bertram Nickolay tenía 45 años cuando vio en televisión un reportaje que mostraba el trabajo de un grupo de artesanos que armaban con paciencia infinita puzles de papel en una pequeña oficina oficial en Zirndorf, una localidad cercana a Nuremberg. «Pensé que armar ese puzle gigantesco podría ser un gran desafío para mi división y también para arrojar un poco de luz sobre los métodos siniestros de la Stasi», comenta al recordar el inicio de la gran aventura.
El Gobierno alemán había ordenado, en febrero de 1995, iniciar la reconstrucción manual del contenido de unos 16.000 sacos repletos con restos de documentos secretos de la Stasi y que fueron destruidos en los días posteriores a la caída del Muro de Berlín. Las imágenes que mostraban a los artesanos fascinaron al ingeniero.