El viejo papel en un nuevo mundo: Las librerías de segunda mano sobreviven a la crisis

Cuatro libros por un euro o una enciclopedia británica de 1911 por 100 euros. Son malos tiempos para los libros y los gastos, los bolsillos flacos se quejan y con razón, pero ¿realmente podemos decir que así no hay quien lea? Los libreros de viejo siguen estando ahí, manteniendo sus estantes, unas veces abarrotados de desorden y otras, llenos de su contrario, tratando de que nunca la crisis alcance del todo a la lectura.

Luis Domínguez, un librero apasionado y vocacional, al frente de la librería que Marcial Pons dedica desde hace poco en Madrid al libro viejo y antiguo (plaza Salesas, 10), contagia un entusiasmo que en las grandes superficies de libros nuevos cuesta tanto encontrar que hasta nos hemos acostumbrado a la ausencia del librero de toda la vida, el de barrio. Esa figura que conseguía que mayores, jóvenes y niños reacios devoraran libros o, en palabras de Luis, "acabaran teniendo adicción a la lectura". Cuenta, lleno de energía y ganas, tras 38 años dedicado al sector, la satisfacción de lograr que la gente vuelva. "Hay muchos con tanto corazón que, conscientes de todo el trabajo que lleva conseguirles un libro por el que solo pagarán 6 euros, me compran algo más, uno de Vargas Llosa o cualquier otro".

Es el caso de Bonifacio Gómez, un profesor universitario al que encontramos en la Cuesta de Moyano y que explica cómo cuando pide algún ejemplar complicado siempre se lleva algún otro. El elegido, por capricho y porque es una vieja edición que le recuerda a la que leyó de joven, es La metamorfosis, de Kafka. "Llevo viniendo a Moyano muchos años, y he traído a todos mis hijos. Les encantaba venir. Mi hija mayor aún conserva una edición que se cae a trozos de una antología de Miguel Hernández que compramos aquí hace muchos años. Acabó estudiando Filología y me gusta pensar que el origen estuvo aquí".

Distribuir contenido