Una biblioteca es, según los miembros de la Real Academia de la Lengua, un «local donde se tiene considerable número de libros ordenados para la lectura». En el IES Número 5 han querido darle una vuelta a este concepto y adaptarlo a las necesidades del siglo XXI. Una visita a sus instalaciones sirve para darse cuenta de que el suyo difiere de los proyectos que se desarrollan en otros centros educativos: no hay vitrinas que impidan el acceso a algún ejemplar, cuenta con revistas de diverso tipo, dispone de películas de cine y documentales y hasta de un espacio con ordenadores desde los que se puede acceder a la información que ofrece internet. «Queríamos olvidarnos de las bibliotecas clásicas que sólo cuentan con fondos bibliográficos», señala Puerto Menéndez, una profesora de matemáticas del centro que lleva años inmersa junto a otros docentes en un proyecto de redefinición de la biblioteca escolar. Un proyecto que ha sido reconocido con la concesión del Premio Buenas Prácticas para la Dinamización e Innovación de las Bibliotecas de los Centros Escolares para el año 2010, del Ministerio de Educación.
No es la primera vez que este centro recibe un premio por su trabajo en la biblioteca. El proyecto ahora galardonado es la continuación de una ambiciosa actuación iniciada en 2000, destinada a devolver a la comunidad educativa el protagonismo en el desarrollo de su biblioteca y que recibió un cuarto premio en la misma categoría que ahora en el año 2004. «En aquel momento los medios, el mobiliario, el espacio y las actividades no eran los mismos que ahora», explica Puerto Menéndez.
Esa actuación iniciada de manera firme hace ya once años consistía en redefinir dos aspectos fundamentales: los recursos materiales que se iban a poner a disposición de la comunidad educativa y las actividades que se desarrollarían en torno a las instalaciones.
En el primer apartado, los responsables del proyecto tuvieron claro que el camino a recorrer dirigía a las nuevas tecnologías y al uso y comprensión del lenguaje audiovisual. Por eso se optó por incorporar ordenadores y materiales como películas de cine o documentales.
En el segundo, la tarea necesitaba de una complicidad del claustro y los profesores que se fue consiguiendo poco a poco. «La biblioteca no se usa para un solo grupo. Puedes bajar aquí un día y encontrarte a varios grupos haciendo cosas diferentes o a alumnos consultando información para un trabajo que deben realizar », explica Pilar Bermejo, profesora de dibujo implicada también en este proyecto.
El desarrollo conjunto de ambas vertientes, liderado por un equipo en el que se implicaron con más o menos intensidad profesores de todos los departamentos, culminó en la consecución de una biblioteca transformada en una especie de plaza pública donde recoger todo tipo de información e, incluso, se expone. «Teníamos una actividad que se llama biblioinstante en la que los alumnos exponían sus trabajos durante el recreo. La pusimos en marcha porque creemos que la comunicación oral también es importante y hay que trabajarla», señala Puerto Menéndez.