Londres, París, Berlín, Roma, Madrid... Las capitales europeas cuentan con grandes bibliotecas en el centro de la ciudad, donde la cultura y la ciudadanía se dan la mano. Pero también ciudades medianas, como Bilbao, cuentan con una buena biblioteca. Un ejemplo notable es la recientemente remodelada y ampliada Biblioteca Foral de Vizcaya, que ha convertido un edificio construido en el año 1900 en una joya arquitectónica que aúna modernidad, antigüedad y cultura.
Pero el acceso a la cultura no es sólo un privilegio de ciudades grandes. Pequeñas localidades de poco más de 20.000 habitantes, como Härnösand o Halmstad, en Suecia, tampoco se quedan atrás y poseen modernas bibliotecas provinciales donde se dan cita sus habitantes para coger libros, hacer uso de los servicios que ofrecen y para acudir a las muchas actividades culturales que se organizan.
Pero Málaga, que aspira a ser una ciudad cultural, no cuenta aún con una biblioteca en el centro histórico. El antiguo colegio de San Agustín, situado en la calle homónima, lleva 15 años esperando a ser convertido en Biblioteca Pública del Estado. El traslado de la institución a su sede definitiva pasa por el acuerdo entre el Gobierno, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga, que llevan más de quince años sin lograr acercar posturas sobre este necesario e importante proyecto.