La piratería digital de libros ya les cuesta 150 millones a las editoriales españolas

España es el país invitado de la Book Expo America 2010 que se celebra estos días en Nueva York, y lo es por todo lo alto. Ocupa el corazón de la feria y un espacio el doble de grande que el que tuvo el invitado del año pasado (la Liga Árabe), lo cual da fe de que desde ambas orillas se divisa un vasto mercado emergente. Los españoles tienen claro que su peor enemigo para hacerse con él es la piratería digital.

Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) estima en 150 millones de euros las pérdidas que las descargas ilegales generan cada año sólo al sector del libro. Todo, se queja Ávila, por no haber podido, sabido o querido atar cortos a los operadores telefónicos.

Ávila no cita por su nombre a ninguna empresa pero es muy duro con las que «en su publicidad engañosa ofrecen ADSL con todo». «Claro, la gente puede interpretar que todo es todo», observa, incluida la descarga ilegal. Los editores creen que los operadores telefónicos les han cargado a ellos la factura de Internet. «No sólo no se hacen responsables de las descargas ilegales sino que de algún modo ganan con ellas», denuncia. Todo ello en uno de los marcos normativos más laxos de Europa, sigue protestando Ávila.

Ávila insiste en que hay que solucionar esto para aprovechar las oportunidades de negocio que se abren en Estados Unidos, y en las que el libro electrónico es fundamental. Precisamente en el marco de la Book Expo America se ha celebrado un interesante debate alrededor de la presentación de la plataforma Libranda para distribuir libros electrónicos españoles no directamente al público sino a los vendedores norteamericanos de libros. Aunque Patricia Arancibia, compradora en español para la cadena Barnes and Noble, advirtió de que abrir una plataforma no es exactamente lo mismo que abrir un mercado, sí convino con Jesús Badenes, CEO de Planeta, y con Larry Bennett, de Baker and Taylor, en que el formato electrónico permitirá roturar nuevos sectores editoriales hasta ahora impenetrables para la industria española.

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