En las escaleras que conducen a la planta baja de la Biblioteca de Menéndez Pelayo hay un baúl de piel de casi cien años de antigüedad. En la tapa se leen sobreimpresas dos letras: 'M.M.', «Marcelino Menéndez», explica Rosa Fernández Lera, directora en funciones de la institución cultural santanderina. En ese vetusto cajón metió un joven veinteañero buena parte de sus pertenencias cuando viajó a Madrid a seguir con su formación. El conocimiento que desde entonces fue atesorando no entraría ni en cien baúles como aquél, porque de sus periplos por Europa, donde pudo ir a estudiar gracias a una beca que le concedió en 1875 el Ayuntamiento de Santander, nace la apabullante colección de libros, publicaciones, incunables y manuscritos que el intelectual fue recopilando hasta el fin de sus días hasta configurar su mayor tesoro: su biblioteca, que legó a su muerte a la ciudad de Santander «en agradecimiento», para que todos los santanderinos e investigadores pudieran disfrutarla y valorarla como él lo hizo.
El fondo bibliográfico que alcanzó, y que en la actualidad supone el contenido de la Biblioteca de Menéndez Pelayo (BMP), está compuesto por 1.032 manuscritos, papeles y correspondencia de 17 legados de diferentes autores, 41.500 títulos de impresos de los cuales 22 son incunables (s. XV), 1.124 del siglo XVI y 1.125 del siglo XVII. El siglo XVIII está representado por 2.839 títulos mientras que el XIX y el XX por 35.260. El valor de este patrimonio es incalculable y, a la espera del Grial que garantice su supervivencia para las generaciones venideras, está en manos de Santander el empeño por conservar y defender el legado de Menéndez Pelayo de los peligros que el paso del tiempo supone para las delicadas páginas centenarias que descansan en los estantes de la calle del Rubio.