Héroes o villanos, según quién lo mire, WikiLeaks y su fundador, Julian Assange, ponen de relieve divisiones en torno a la seguridad de los datos y demuestran que la revolución de la información, promovida por la tecnología, está superando al debate sobre su uso.
Una aparente campaña en Estados Unidos para bloquear el sitio web contradice la retórica de la libre expresión y se da meses después de que el Departamento de Estado criticara a los estados del Golfo por amenazar con bloquear los teléfonos Blackberry por el acceso a mensajes encriptados.
El hecho de que alrededor de 250.000 cables diplomáticos estadounidenses clasificados, al igual que casi la totalidad de los registros militares de las guerras de Irak y Afganistán, pudieron ser bajados y filtrados ha impactado a todos los que manejan datos sensibles.
El sitio Wikileaks.com desde entonces ha estado cerrado a raíz de una presunta presión política sobre los proveedores del servicio, aunque páginas similares en varios países europeos permitieron que los datos publicados hasta ahora sigan estando disponibles.
Sitios de redes sociales como Twitter han dirigido a sus usuarios hacia esas nuevas páginas. "Siempre ha habido una división entre los que quieren que internet sea abierto y libre y los que consideran que eso es un riesgo y quieren que la información esté protegida y controlada", dijo Jonathan Wood, analista internacional de Control Risks. "Esto obviamente subraya esas diferencias", agregó.