Una colección privada de Nueva York ha cedido al Archivo Nacional de la Fundación Richard Wagner una serie de valiosos documentos, entre ellos la carta dirigida por el compositor a su musa Mathilde Wesendonck, ha anunciado hoy el Museo Richard Wagner en la localidad alemana de Bayreuth.
Los 48 manuscritos forman parte del legado de Mary Burrell, admiradora ferviente del compositor germano y visitante del Festival de Ópera de Bayreuth desde su primera edición en 1876.
Pluma, tinta y raspador. Esas fueron durante siglos las únicas herramientas de los monjes medievales que permanecían encerrados durante meses en sus celdas para realizar copias de antiguos manuscritos. Un buen copista era capaz de escribir hasta dos páginas al día aunque el ritmo tenía mucho que ver con el encargo. No era lo mismo hacer una copia de un documento administrativo que trabajar en un códice profusamente ilustrado destinado a convertirse en regalo de algún personaje principal.
Los legajos, las cartas, los manuscritos, los archivos, incluso las partituras musicales de los viejos maestros, que también hablan del tiempo y el lugar en el que sonaron, integran esta aventura que ya ha trasladado 1.720 obras a la red. De ellas 1.514 son libros. El más antiguo de todos data del siglo XVI, fue editado en 1588 y ya ha tenido que ser curado de sus heridas temporales por las manos restauradoras de las monjas pelayas.
La Biblioteca Británica de Londres ha colgado en Internet en torno a la cuarta parte de sus manuscritos griegos, lo que supone más de 280 volúmenes, en el último paso en la digitalización de documentos antiguos importantes.
Los manuscritos, disponibles gratis en www.bl.uk/manuscripts, forman parte de lo que la biblioteca describe como una de las colecciones más importantes que hay fuera de Grecia sobre más de 2.000 años de cultura helena.
El Ministerio de Cultura, a través del Instituto del Patrimonio Cultural de España, restaurará tres manuscritos pertenecientes a la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander, un códice del siglo XIV y dos obras autógrafas de Quevedo y Lope de Vega.
El primero de ellos es la "Crónica troyana bilingüe", un códice del siglo XIV, en castellano y gallego, compuesto por 219 folios de pergamino y papel y escrito a dos columnas, con letras capitales adornadas y con ocho miniaturas en color, según explica en un comunicado el Ministerio de Cultura.
El editor italiano Franco Cosimo Panini, que se ganó la vida publicando cómics, vendiendo cromos, y editando lujosos volúmenes de arte y facsímiles de códices antiguos, se propuso reunir en una sola colección los libros más hermosos del mundo. Los manuscritos más raros, los librios miniados más famosos, los grabados más espectaculares debían fomar parte de lo que Panini llamó la Biblioteca Imposible, un reto que ni el más culto ni el más poderoso de los príncipes del Renacimiento se hubiera atrevido a emprender.